sábado, 23 de abril de 2011

Los ejemplos del AVE.



Marisa Recuero, experta periodista en temas económicos y de transporte, es la autora de este demoledor infome publicado el domingo 17 de Abril de 2011 en el suplemento "Economía y Empresas", Transportes,  del diario El Mundo.  En Canarias aún quieren hacernos creer que podemos permitirnos esta locura. Adjuntamos en archivo JPEG una copia de dicho artículo, y reproducimos otra de Raúl Conde en el blog:  
 http://www.eldecano.es/blogs/index.php?blog=10&title=un_ave_caro_y_unas_ofertas_fantasma&more=1&c=1&tb=1&pb=1
No dejen de leer los comentarios de este blog, ya que no tienen desperdicio.




Cuando en 2003 se inauguró la línea de AVE entre Madrid y Lleida, con parada fantasma incluida en Yebes, algunos dijimos que no había por qué tirar tanto confeti. El Gobierno del PP desplegó toda su maquinaria propagadística para alardear de una obra que tuvo que rematar el Gobierno siguiente, del PSOE, también con su correspondiente fanfarria. La realidad es que, ocho años después, el AVE ni ha transformado la economía del área urbana de Guadalajara capital, ni ha mejorado la conexión con Madrid a través de las inexistentes lanzaderas (prometidas por unos y otros), ni ha corregido los desequilibrios de esta provincia asimétrica. Y encima cada año es más caro.
El suplemento Mercados de El Mundo publicó el domingo pasado una información de Marisa Recuero, periodista especializada transporte y fomento, sobre el encarecimiento de los precios del AVE. El informe era demoledor: durante los últimos cuatro años, el precio del AVE se ha disparado un 15%. Las llamadas tarifas web -a la venta por internet y con un descuento de un 60%- y estrella -descuento de un 40%- apenas suponen uno de cada cinco billetes que se ponen a la venta. Renfe además usa indiscriminadamente estas ofertas en función de la demanda, de tal manera que adelantarse en la compra no siempre garantiza aprovecharse de esas ventajas.
Ir de Madrid a Barcelona en AVE con una tarifa general cuesta 138,80 euros. El billete de Yebes a Atocha asciende a 19 euros. No son precios asequibles para la mayoría de los bolsillos, y menos en época de crisis. Sin embargo, el director de AVE de Renfe, Cecilio Gómez-Comino, sostiene que "viajar en AVE es asumible para la mayor parte de la población". Estas palabras van en la misma línea que las del ministro de Fomento, José Blanco, que acostumbra a apelar a la "rentabilidad" de las infraestructuras públicas. Renfe ingresó en 2010 por el AVE 1.002 millones de euros. Es la primera vez que da beneficios. En concreto, dos millones de euros. Ahora los servicios públicos, ya saben, se miden por su rentabilidad. Es la nueva filosofía del socialismo moderno.
En ningún país de Europa hay tanto AVE como en España. Supongo que aquí somos más listos. Cuando echó a andar la línea de alta velocidad a Cuenca, un alto cargo del Gobierno regional me dijo que, además de tener a sus cinco capitales de provincia conectadas por AVE, Castilla-La Mancha también podía presumir de haber llevado el AVE a zonas rurales que antaño no contaban en los mapas del extinto MOPU. Sin embargo, ningún indicador económico de relevancia acredita esta postura. Que los raíles del AVE pasen por nuestros campos no garantiza más que el futuro de las ciudades que unen. No hay boom demográfico, ni desarrollo. Solo ha habido especulación y problemas con los servicios de un proyecto mastodóntico que se ha quedado en simple urbanización. ¿Dónde queda el 'efecto AVE'?
Se habla de beneficio económico, de promoción turística, de dinamismo industrial. Pero les invito a realizar un ejercicio: tecleen en Google o busquen en la hemeroteca de cualquier periódico a ver si encuentran datos concretos sobre el supuesto beneficio que plantea el AVE. Ya se lo digo yo: nadie da esos datos. Ni siquiera Fomento ofrece los números sobre el nivel de ocupación. Todas las ciudades importantes que tienen AVE pregonan un impacto económico positivo por la llegada del tren veloz. Pero ninguna lo concreta en cifras. Tan solo se facilita el número de turistas, y no siempre se cumple la máxima de que, a más AVE, más visitas que dejen dinero.
Según el PP de Guadalajara, la estación de Yebes registra unos 75.000 usuarios cada año. Para ser exactos, los datos de ADIF (los pocos que se conocen) indican que Yebes recibió 80.000 viajeros en 2010. Es una cifra pírrica en comparación con los 15 millones de usuarios de Puerta de Atocha o los 13 millones de Sants. Pero es una cifra pírrica también en comparación con otras estaciones de ciudades tan pequeñas, o más, que Guadalajara. Las estaciones de Puente Genil, Antequera, Huesca y Calatayud recibieron más viajeros que Yebes durante el año pasado. De hecho, la de Guadalajara es la segunda menos utilizada de toda la red AVE de España, solo por detrás de Tardienta (Huesca). En 2004, en Yebes cogían el AVE apenas 15 personas al día. Tras completarse el trazado de la línea hasta Barcelona, la cifra solo subió a 19 personas.
Pocos pueden negar que el AVE es una infraestructura extraordinaria para conectar grandes ciudades con una demanda alta de viajeros. Pero el invento se troca elitista cuando no se ofrece una alternativa, cuando se suben las tarifas por encima de la inflación y cuando se condena al ostracismo a quien se queda fuera de esa red. Tampoco es la solución más sostenible. ¿Por qué no adecentar algunas de las cochambrosas líneas de Largo Recorrido? ¿Por qué no aumentar los trayectos de media distancia que, además de no ser radiales, tienen la virtud de reequilibrar el territorio?
El AVE arropa a los corredores urbanos, pero condena a las ciudades pequeñas y a los pueblos que son cabecera de comarca. Nadie parece reparar en esta consecuencia desastrosa -una más- para el medio rural. No estoy en contra del AVE por sistema. Sí estoy en contra de presentarlo como la panacea para sacudirnos el complejo de nuestro atraso histórico.





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